miércoles, 1 de julio de 2020

Prólogo


Prólogo

Paco González (*)

Cuando tenía 13 o 14 años yo pensaba que en el mundo entero no podría existir alguien que estuviera más chiflado que yo por el deporte. Me gustaban todos los deportes y me aprendía todas la reglas y clasificaciones posibles. Sin embargo, a lo largo de estos años he ido descubriendo con alegría que el mundo está lleno de locos como yo. Incluso se podría decir que dentro de ese manicomio yo estoy bastante cuerdo. No podría decir exactamente quien es el "mayor tarado del reino", pero hay algunos que aspiran seriamente al trono y encima trabajan conmigo: ese Maldini que se ve partidos sub-17 entre Togo y Fidji, ese Pedro Martín que saca estadísticas hasta de los saques de banda... El caso es que irrumpe con fuerza en el top ten el autor de este libro, Jesús Castañón. Ya me había advertido mi amiga Carmen Menéndez que lo de Jesús no era normal y que su capacidad de trabajo era agotadora (para los que le rodean, claro). Al leer esta su obra me quedé asustado de la paciencia y perseverancia, de las horas y horas de curro, que este diccionario tenía tras de sí. Hay que amar mucho al deporte para realizar un compendio así.

Yo se lo recomiendo como libro de consulta permanente a todos los apasionados por cualquier modalidad deportiva. Pero también a todos los que tengan un mínimo afán de perfeccionar su vocabulario, entre los cuales me encuentro. ¡Cuántas patadas pegamos al diccionario los profesionales de los medios! Y qué poco conocemos de la terminología exacta en la mayor parte los deportes (yo me acabo de enterar de que una cangreja no es lo que todos pensamos sino una vela trapezoidal). Por cierto, voy a incitar al autor para que, en su día, prepare una segunda parte en la que -a ser posible- españolicemos un poco tanto extranjerismo; porque hay páginas en las que uno alucina: skeet (en tiro), skiff (en remo), skip(además de en la lavadora, en curling) y skish (en pesca)... Lo siento Jesús, tú no tienes la culpa.




Paco González y portada del libro Diccionario terminológico del deporte.


Si usted siempre quiso saber la diferencia ente un ippon y un wazza-ari cada vez que en los Juegos Olímpicos daban judo, este es su libro. Una obra llena de curiosidades (batido de huevo es un ejercicio de natación), que refleja precisamente la curiosidad del autor, capaz de contarnos como se dice salto de pértiga en Sudamerica (de garrocha), o de preguntarse a qué diablos juegan esos locos que dicen practicar fútbol y le ponen el "apellido" australiano. Sólo alguien que ame y respete el deporte como Jesús se podría embarcar en una obra de semejante tamaño, con más de 5.000 entradas. Lo del amor lo digo porque no ha podido controlar su admiración por los protagonistas de todo esto, y ha incluido reseñas biográficas de más de 600 profesionales del deporte. Desde Anquetil al mítico Babe Ruth (¿Que quién era Babe Ruth?... A usted no le gusta el béisbol, ¿eh?).

Hablar bien (o escribir) es hacerlo con corrección, intentando al menos utilizar los términos adecuados en cada situación. En la radio, la improvisación te lleva al error muy frecuentemente... o a las coletillas que cada uno tiene para ir ganando tiempo y encontrar la palabra exacta que refleje con precisión aquello en lo que estás pensando. Este libro está lleno de palabras exactas, y a todos los periodistas nos vendría de perlas consultarlo casi a diario. A los futboleros casi se nos ha olvidado que un pase de pecho se puede ver en la Ventas, pero también en balonmano. A mí desde luego me va a servir de guía-diccionario-enciclopedia-vademécum para cualquier duda que me surja.

Como todo el mundo está de acuerdo en que "hay que leer más", yo me limitaría a añadir que "hay que leer mejor", y si usted ha abierto esta página es que tiene la intención de hacerlo y aprender. Le felicito.

Usted es otro loco del deporte, ¿verdad?... pues le va a encantar.

Madrid, 2004.
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(*) Periodista. Premio Ondas en 2002.


lunes, 1 de junio de 2020

Loas a la obra, al autor y a los editores;


Prólogo

Loas a la obra, al autor y a los editores; cartas y críticas a los poderes públicos; exaltación del fútbol como cultura y ¡Viva el Sporting!

Mauro Muñiz (*)

"En los años 60 y 70 se destacó la conversión
de la entidad en una seña de identidad
desde el lema de Cesc 'El Barca más que un club
y el fútbol, más que un deporte". (De esta obra)

Queridos lectores:

Consciente de la importancia de un prólogo y siendo yo un experto en el género -género destinado a elogiar lo que se prologa- comenzaré con una fuerte crítica para expresar mi indignación por la modestia con que los editores y el autor presentan al público, de nuevo, una obra ("El humorismo español y el fútbol") aparecida hace nueve años y reeditada ahora, con un nuevo título, oportuna y muy galanamente, gracias a "Fútbol Asociados". Oportunamente porque se hacía esperar.

Modestia intragable. Humildad victimista. Declinación de responsabilidades. Rechazo a todo elogio por muy merecido que sea. Esto no es serio puesto que autor, editores asociados y la misma obra, niegan su propia victoria por goleada mientras las gradas les aplaudimos, les damos la copa ganada en una dura final, y les pedimos que nos obsequien con sus camisetas bien sudadas. La razón es que las patadas al balón en este "Humor a patadas" han roto las redes y los largueros por su potencia, pericia y belleza. Esta obra tenía que figurar de texto, desde hace nueve años, en las Escuelas, los Institutos y las Facultades Universitarias, incluyendo las específicas Escuelas y Centros Superiores de Formación Deportiva, ya que estamos ante una necesaria y logradísima contribución al fútbol como cultura, que es una expresión del modo de ser de nuestro tiempo. Si el maestro Ortega viviese hubiera sostenido esta tesis a la altura necesaria para que los filósofos contemporáneos abriesen, en una interpretación pedagógico-realista de lo que es el balompié, nuevas perspectivas a la capacidad de pensamiento y acción del Mundo moderno.

Trabajando como redactor jefe en "Gaceta Ilustrada" de Madrid, fundada y dirigida por el gran periodista y escritor gijonés Manuel Suárez Caso, me encontré un día en el Bernabéu con uno de los inmortales de la publicación, el profesor y Académico de la Lengua don Antonio Tovar, acompañado por otro intelectual de campanillas al que no cito porque quizá no le guste.

- ¿Ustedes aquí, maestros?

- Sí, aquí, querido Mauro, donde debemos estar: con las masas.

Luego me explicó, con la cordialidad y benevolencia que ya no existen en el panorama literario español entre los maestros y los alumnos que, ni las Olimpiadas griegas ni los Juegos romanos, tuvieron en su tiempo la importancia que tiene el deporte del balón en el nuestro.

¿El Fútbol como cultura? Sí, en la medida que ésta, la Cultura, constituya una expresión de la racionalización de la naturaleza, un mecanismo de la Civilización, aquello que integra a través de mitos, saberes, ciencias, sentido de la superación, pluralidad de personas, simbolismo, incitación al desarrollo de la vida humana... y todo esto es el fútbol que, como sabemos porque lo dicen los manuales, comenzó en Oriente, se extendió por Occidente y se profesionalizó, tras asentarse en Gran Bretaña, en 1885. Era el año en que es un éxito "La Regenta" de Clarín; el Doctor Ferrán da a conocer su vacuna contra el cólera; España vibra con Lagartijo y Frascuelo; muere Alfonso XII, y la María Guerrero debuta en el teatro. Casi nada, la historia en un hilo. Y el fútbol que había entrado en España, pero no en patera, por donde ahora entran los inmigrantes a Eldorado de Almería, ya disponía de una liga profesional. Diez y nueve años más tarde se fundaba la Federación Española, que ahora parece una olla de grillos, cuyos estatutos y reglamentos se redactan cuando comienza la Primera Guerra Mundial. El fútbol se había instalado en el sur, el centro y norte de España y, en Asturias, surgían las cabezas y las piernas que reverdecieron, aún más si cabe, nuestros verdes campos de edén asturiano, y los estadios internacionales, incluyendo el de Amberes.

La carrera del fútbol fue meteórica y, en el fondo, podríamos decir que el fútbol es el estado normal de los occidentales entre guerras. Al acabar este siglo XX, ¿qué queréis que os diga?, los españoles podemos reeditar el lema imperial de Carlos V "En los dominios de España nunca se pone el sol", porque si no tenemos política de primera mano igual que los norteamericanos, en los cinco continentes, sí disponemos y ejercemos la que nos dan los goles. Nuestros emigrantes, y los que no lo somos, nos sentimos ciudadanos universales de primera cuando, una y otra vez, demostramos que once contra once, no hay quien nos gane y, si nos ganan, es por culpa del árbitro.






Mauro Muñiz y portada del libro Humor a patadas.

Se ha escrito que, gracias al fútbol, las dictaduras intentan alienar a las masas. Claro que sí. Las dictaduras y las democracias desde los romanos. El poder político siempre ha buscado sumisión o por la fuerza o por el engaño. Y casi siempre lo ha conseguido. Pero el fútbol es más que el poder político. Se deja mimar por él, se aprovecha de él y lo somete a sus propios encantos y, si no, no hay más que ver las mimosidades, complacencias, carantoñas y libidinosidades con que los políticos, antes y ahora, buscan los votos del pueblo retratándose en las tribunas en todas las finales, gane quien gane. (En las finales, queridos amigos, no hay perdedores, sino ganadores...)

Comprendo, al paso de los años, la importancia -no podía ser de otra manera- del maestro Tovar en su explícito reconocimiento del poder futbolístico de las masas. Comparto un no periclitado concepto de que las masas, y no las mayorías, son las verdaderas protagonistas de la Historia, pues que las últimas, en definitiva no son más que puras estadísticas manipuladas, políticamente, por las urnas. Las masas, por el contrario, nunca son silenciosas. Sin ellas no hay revolución posible, quieren vivir con su lenguaje y, si hace falta, mueren con el viva en la boca. Las mayorías, en cuanto suena algo, se meten debajo de la cama. Las masas concurren al fútbol y, como un milagro imperado por una racionalidad instintiva, ondulan, cantan, se exaltan, se indignan, levantan la tarde en las horas de combate y la hacen grandiosa y resucitan en las alamedas perdidas del domingo, la canción de los rivales. Quien no vea en las masas, a lo largo de un partido de fútbol importante, el desarrollo de un orden, por escandaloso que sea, que se vaya a la siesta o al nirvana político del "café, copa y bulo...".
La cadencia integradora de nuestra vida pública ofrece su mejor expresión, la más vibrante, incansable y comunicativa, en los estadios de fútbol. Y es difícil negar, por doloroso que lo sintamos, que los mejores homenajes a la Bandera de todos, se hacen en y desde las gradas.

La Cultura del fútbol es una cultura de masas, para las masas y ha recibido la alternativa de los humoristas, que son los filósofos geniales de nuestro tiempo. Humor a patadas representa, como digo, una afirmación, docta y rigurosa, de la imparable ascensión del fútbol como cultura. Cuando lleguemos a ocupar nuestros reservados y merecidos sitiales en los cielos, comprobaremos que Dios y los ángeles, tronos, virtudes, potestades, dominaciones, querubines y serafines, celebran el domingo llevando pancartas y camisetas a favor de sus equipos en la liga.

Con una excepcional, paciente, rigurosa dedicación, y con prurito doctoral, el autor ha hecho un servicio impagable a la cultura ya la convivencia democráticas pues que, sin fútbol, en España ya hubiese triunfado la referencia goyesca del garrote.

El fútbol organizado des activa las tendencias fratricidas que campeaban y enseñoreaban el bronco paisaje histórico español y ha sentado a los españoles, para que diriman sus cuestiones eternas, en las gradas y, desde ellas, hacen de la paz una gloriosa competición compartida, mientras el balón, por los aires o bebiendo y besando el jugoso césped, canta que el mundo no es colombino sino que, redondo y fulgurante, lleva el mensaje del alirón al Cosmos tentado por el caos del bing-bang. Importa ganar, importa no perder. Pero con final victorioso o no, gana la lealtad y la solidaridad con los colores propios. Los colores del arco iris de la personalidad colectiva. El mahón, el humo, la entraña carbonaria, la azulosa mirada del mar, el trajín de nuestras gentes, las ganas de vivir, la bondad del pan y el rechazo al miedo. ¡Ay, nuestros colores! Los colores de nuestro equipo nos visten de fiesta y combate vital. Cuando lanzamos las arengas por nuestro equipo llamamos al pueblo por su nombre y todo vuelve a ser siempre hermoso. Son las claves del fútbol que, a veces con bronca, levantan las ganas de seguir, fuera del estadio, en la convivencia y la rivalidad.

Se trata, la del autor, de una hazaña irrepetible. Ha entrado en el humor nacional y ha recogido, en su estética y su invasiva crítica de gracia, durante veintiún años, en esta antología perfectamente matizada, todo lo que sobre el fútbol han dicho escritores, filósofos, dibujantes, en los medios de comunicación. El libro, por lo tanto, es una agenda puntual para periodistas, políticos, académicos, aficionados, para todos cuantos estamos enganchados en el tirón del fútbol, que es la más plural y lúdica expresión del ser de nuestro tiempo.

Muchas gracias a Jesús Castañón, cuyo padre fue compañero mío en la Escuela de Periodismo, un gran escritor que cantó a su tierra en "Romances de Grisú", compartió su vocación con la de catedrático de literatura y fue, y es, un orgullo para mi generación. Jesús Castañón es, como su padre, de la cantera. Esta obra le convierte en el primer cronista intelectual del fútbol español.

Un saludo a José-Manuel Femández, que sigue fabricando fútbol y creando futbolistas. Su imagen en el campo no ha sido olvidada y reverbera en el recuerdo, en las tardes de los domingos, cuando admiramos a las nuevas generaciones. Es más que de nuestra cantera, ahora. Él la hace.

Y otro, a los viejos amigos supervivientes de la escuela pública El Arenal, que teníamos claro las tres cosas más importantes, además de la familia y del barrio, en el Universo: Dios, España y el Sporting de Gijón.

Madrid, 2002.

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(*) Mauro Muñiz es periodista y escritor. Graduado en la Escuela Oficial de Periodismo y  doctor en Ciencias de la Información, ha sido presidente del sindicato Asociación Profesional Libre e Independiente y jefe de prensa de CSI-CSIF. Su trayectoria periodística ha estado vinculada, entre otros medios de comunicación, a los diarios madrileños Abc, El Alcázar y Nivel, el gijonés El Comercio y el conquense Ofensiva, a los semanarios El Español, Gaceta Ilustrada y La Actualidad Económica y a Televisión Española, canal en el que desempeñó el cargo de Jefe de los Servicios Informativos. Su labor literaria ha comprendido cuentos, relatos cortos, poemas y ensayos.

viernes, 1 de mayo de 2020

Treinta años dan para mucho

Treinta años dan para mucho

Francisco Muñoz Guerrero (*)

Que el deporte ha ejercido una influencia notable en el devenir de los pueblos es algo que nadie cuestiona. Desde que el rey Ifitos (1) organizó en la ciudad de Olimpia, en el Peloponeso, al pie del monte Kronion, unos juegos en honor de Zeus, el padre del panteón griego, el deporte ha estado presente en la mayoría de las manifestaciones culturales de todos los tiempos. El carácter de aquellos festejos era marcadamente religioso por cuanto estaban consagrados a un dios y en ellos el deporte siempre fue la manifestación más arraigada.

La importancia que esos juegos alcanzaron fue tal que Ifitos logró de todos los Estados griegos que el suyo fuese considerado neutral en las confrontaciones bélicas que con frecuencia sacudían la región y que durante la celebración de los juegos -que tenían lugar cada cuatro años- se declarase una tregua entre todos los pueblos de la Hélade. Los vencedores de los juegos se convertían en ciudadanos admirados a los que los mejores poetas griegos dedicaron sus versos para cantar sus victorias.
Esta prevalencia del deporte sobre otras manifestaciones no es un asunto baladí debido a que se ha convertido en una especie de necesidad de las sociedades y ha ido más allá de los espacios que le son propios para formar parte de los valores sociales y culturales del día a día. Su práctica, ligada desde siempre a la calidad de vida y a la salud, bien puede ser una medida del avance de los pueblos en el recorrido por los predios de la historia.

En ese largo camino el deporte ha traspasado culturas y pueblos y los ha trascendido, y aunque con el tiempo han ido cambiando los modos y las modas, siempre ha conservado la impronta de esfuerzo, sacrificio y deseo de vencer. En esta línea se expresó Rodrigo Sánchez de Arévalo, en su Vergel de los príncipes (1454-1457): «Otro sí, mas noble exercicio es e deporte el torneo, que non la justa, porque mas figura tiene de guerra, e mas allegado es al peligro e a la fortaleza» (2).

Una actividad de este calado, la deportiva, cuenta con su propia forma de expresión, con sus propias voces, con sus propias palabras para definir y ser definida. La clara y progresiva importancia del deporte en el entorno social hacía necesaria una reflexión precisa y detallada sobre este aspecto muy particularmente sobre las expresiones específicas de las diversas manifestaciones, en particular aquellas que nos llegaron procedentes de otras lenguas. Muchas de estas se afianzaron en la lengua general e incluso en la lengua culta y ya forman parte del acervo lingüístico de la comunidad hispanohablante.

La lengua evoluciona en la misma medida que cambian y se desarrollan los vínculos de comunicación y las actividades que interrelacionan a los hablantes. El lenguaje deportivo no es ajeno a esta mudanza por cuanto se ocupa de nominar, detallar y definir las prácticas vinculadas al ejercicio físico, ya sea en sus matices meramente lúdicos como 'diversión, holgúra, passatiempo’ (3) o en representaciones de pura competición.

El primer fruto del interés de Jesus Castañón por este lenguaje de especialidad fue Lengua y fútbol. Mundial 82, un trabajo universitario que vino a materializar una idea gestada en Gijón el 19 de diciembre de 1981 y que se doctoró diez años más tarde en la Universidad de Valladolid con la tesis Léxico de fútbol en la prensa deportiva española: 1938-1989.

Desde entonces, la actividad investigadora del autor ha sido una constante que ha abierto camino a otros especialistas.



Francisco Muñoz Guerrero y portada del libro La comunicación deportiva y la lengua española.



Los estudios llevados a cabo por Jesús Castañón sobre del lenguaje deportivo, sus variedades léxicas, la morfología, las adaptaciones fonéticas, las grafías, los aspectos sociolingüísticos y cualesquiera otros relacionado con la comunicación han cristalizado en la edición de libros, en colaboraciones en periódicos y revistas, en la participación en congresos internacionales y en la elaboración de textos universitarios. Todo ello lo han convertido en un autor de referencia para investigadores, universidades, periodistas e instituciones de España y América que, como la Real Academia Española o el Consejo Superior de Deportes, recurren a él como fuente de consulta y asesoramiento en el uso de la terminología deportiva.

Han sido treinta años de permanente actividad en el campo de la lengua de especialidad. Ahora, en el comienzo de la segunda década del tercer milenio, Jesús Castañón, que se llama a sí mismo «eterno aprendiz», nos sorprende de nuevo con La comunicación deportiva y la lengua española -como hace poco lo hizo con un volumen dedicado a los términos de origen extranjero (4)- y nos ofrece un recorrido por esos treinta años de incansable labor investigadora y divulgadora.

El libro, después de una introducción del autor en la que nos cuenta abiertamente su peregrinaje por las no siempre desbrozadas veredas del estudio y la búsqueda, arranca con un significativo capítulo intitulado «El lenguaje como herencia espíritu y alma de la Patria». A partir de ahí, hace un repaso metódico y sin concesiones a planteamientos falaces en el que analiza la corrupción, la perversión y la destrucción del lenguaje deportivo, se adentra en los nuevos tiempos de la comunicación y concluye con un breve epílogo en el que aventura que el siglo XXI puede ser la oportunidad esperada para la comunicación inteligente.

El libro, mucho más que una visión retrospectiva de seis lustros de estudio sobre el lenguaje especializado, disecciona las cuatro grandes etapas que configuran la relación entre la comunicación deportiva y la corrección idiomática. Página a página va desgranando la evolución del lenguaje del deporte, los intentos por adoptar al esquema fónico del español los términos y expresiones propias de las distintas manifestaciones deportivas, la resistencia que periodistas, lingüistas y sociólogos han opuesto a los abusos de la jerga, a las muletillas, a la escritura caprichosa de determinadas palabras, a los eslóganes, a los solecismos, a los calcos, a las confusiones semánticas, a las inexactitudes gramaticales, a los modismos superfluos y, por supuesto, a las impropiedades léxicas por su influencia en los registros de la lengua y por considerar que empobrecen e idioma. Esta Oposición, que no es gratuita, obedece al hecho de considerar la importancia que el lenguaje deportivo, en tanto que lengua de especialidad, tiene en la renovación y enriquecimiento de la lengua general.

Castañon, que muestra una gran preocupación por un uso decoroso del idioma, con sus luces y sus sombras, nos ofrece las reflexiones que han hecho un gran número de autores en torno al lenguaje deportivo en sus diversas obras, señaladas para interés de otros especialistas. Es un repaso somero pero de gran alcance, metódico y perfectamente armado en el cuerpo del texto genera.

Las numerosas notas insertadas a pie de página en La comunicación deportiva y la lengua española son por sí mismas un completo y extenso glosario terminológico que sin duda será de provecho para los estudiosos de esta forma .de comunicación especializada. Este tesauro terminológico se completa con un registro de profesionales de la comunicación, la lingüística, la sociología y la docencia de los que se incluye una breve semblanza al término del libro, en el apartado "Nuevos tiempos». La extensa referencia bibliográfica es una más de las bazas de esta obra que nace como una especie de homenaje a esos treinta años de trabajo y a partir de los cuales, en reflexión del autor, llega la hora de construir con armonía «para iluminar las confusiones y superar los desafíos de un ámbito en permanente ebullición».

Madrid, enero de 2011.
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(*) Periodista y escritor de narrativa. Secretario General de la Fundación del Español Urgente BBVA, es coautor de varias publicaciones de la Agencia Efe sobre el lenguaje .en los medios de comunicación y de los libros de estilo de Red EléctricEspañola y de los colegios de abogados de Madrid y Granada y ha colaborado en el Libro de Estilo Garrigues. Dirige la revista Donde dice...

(1)   Ifitos, rey de Élida, organizó la primera olimpiada en el 884 a. C. A partir del 776 a. C. los años se contaron por olimpiada, esto es, por el tiempo transcurrido entre unos y otros Juegos olímpicos. Así fue hasta el 394 d. C., fecha en que fueron suprimidos por el emperador Teodosio.
(2)   Real Academia Española: Corpus diacrónico del español (CORDE). El subrayado es mío.
(3)   Diccionario de la lengua española, edición de 1732. Real Academia Española.
(4)   Términos deportivos de origen extranjero. Edmundo Loza Olave y Jesús Castañón Rodríguez. Universidad de La Rioja. Logroño, 2010



miércoles, 1 de abril de 2020

La responsabilidad lingüística del periodista


La responsabilidad lingüística del periodista

Alberto Pedro Pérez Sánchez (*)

El periodista ama contar cosas y, como tal, quiere hacerla bien. En mi caso también amo el deporte y por eso quiero cuidarlo. Creo que lo dignifico si lo mimo y eso conlleva hablarlo con delicadeza y corrección. De este modo conseguiré que el que lo escucha o el que lo lee sienta un mayor respeto por él. Los que trabajamos en el habla del deporte tenemos una enorme responsabilidad. Nos dirigimos a millones de personas que esperan con avidez que les informemos. Sin saberlo, incorporan a su vida montones de términos que nosotros les contamos. Estamos contribuyendo a su formación intelectual y, al mismo tiempo, servimos a nuestra profesión.

Cuando mi querido 'profesor' Castañón me invitó a participar en este apasionante buceo por el idioma del deporte, pensé en intentar explicar las verdaderas motivaciones que me han convertido en un hincha del idioma. Diría que son principalmente reivindicativas. He crecido escuchando los prejuicios de colegas en distintos ámbitos extradeportivos acerca de los constantes errores que comete el periodista deportivo en sus relatos. Errores sí porque sería poco productivo no analizarse, pero nunca porque el deporte no merezca un cuidado mayor y ahí es donde me rebelo. Quien lo considera un contenido menor está menospreciando a quien lo habla y a quien lo escucha y desde las dos trincheras hay un interés enorme en la cantidad y preciado en la calidad. Me sonroja encontrar mi nombre en estas páginas cercano al de lingüistas, literatos y periodistas excelsos que se han preocupado del buen uso del idioma deportivo. Razón de más para sentir una responsabilidad enorme por hablar cada vez mejor y gracias al profesor Castañón lo intento aunque nunca será suficiente.



 

Alberto Pérez y portada del libro La comunicación deportiva y la lengua española.

Diré en defensa de la profesión que es muy difícil cuidar términos en lo vertiginoso del relato, que da muy poco tiempo a pensar y que preparar lo imprevisto es una tarea que aún no se ha inventado. Los más artistas del balón se equivocan pasando y nosotros hablando, pero entrenamos para reducir los errores y creo que la cosa va bien. Estoy seguro de que podríamos defender muy dignamente cualquier otra materia del habla en la que antes puedes sentarte en una mesa para pensar lo que quieres decir. Hacerla casi al mismo tiempo lo complica, pero debemos poner todos los medios para solventarlo por respeto a nuestra profesión. En todo caso este libro es una magnífica oportunidad para actualizarse y ha de ser manual de referencia para todos los que 'servimos' al deporte.

Acabo mostrando mi gratitud al profesor Castañón por pensar en mí para concluir un trabajo tan útil para la profesión e invitando a todos a contribuir desde su pequeño espacio al bien común. Si dedicamos un poco de tiempo a cuidar lo que contamos y cómo lo contamos, haremos del idioma deportivo un área de magnitud incalculable y, lo que es más importante, respetada por todos.


Salamanca, 2011.
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(*) Periodista que ha sido profesor de periodismo, locución en transmisiones deportivas y comunicación e información en televisión en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, entidad en la que ha promovido las Jornadas de Comunicación Deportiva y el Título de Experto en Comunicación Deportiva. Su trayectoria periodística comprende facetas como narrador de partidos de Primera División en Audiovisual Sport, redactor del diario Tribuna de Salamanca, redactor de la Cadena Cope en Salamanca y, actualmente, como jefe de deportes de Radio Salamanca, de la Cadena Ser, corresponsal del diario As en Salamanca y columnista del diario Tribuna de Salamanca.